viernes, 26 de junio de 2009

Una familia numerosa.


Hace algún tiempo que este vídeo está en la red. Mis dificultades cibernéticas me habían impedido copiarlo para “Primero la familia” Pero hoy lo conseguí. Seguramente ayudado por San Josemaría, cuya fiesta hoy celebramos y que nos ayudó con sus enseñanzas, a tantas y tantos a lo largo y ancho del mundo, a tomarnos muy en serio nuestras responsabilidades familiares.

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Aunque apenas superan los cuarenta años de edad, cualquiera de los dos podría responder a una amplia entrevista sobre sus respectivas profesiones. Patricia tiene ya una notable experiencia en la dirección de proyectos de diseño de Interiorismo y Pablo lleva años en la misma multinacional del sector energético.

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También podrían hablar de sus respectivos orígenes, o de cómo se conocieron, de los años que pasaron en Colombia, de los momentos buenos y de los no tan buenos, de sus elecciones y renuncias, de cómo cada hijo fue trayéndoles un pan bajo el brazo: a veces sutilmente, otras de forma tan patente que llegaba la noticia de un trabajo o una mejora el mismo día de la noticia del embarazo o el día del parto. Ella es de Vigo y son siete hermanos, y él nació en Bilbao y son catorce.

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Para Pablo, la familia no es sólo tema de conversación, “es también el territorio en el que se desarrollan nuestras aficiones, nuestras preocupaciones... todo". "Nos da un poco de vergüenza -continúa Patricia- ser entrevistados como si tuviésemos un mérito especial. Lo principal para sacar adelante la familia es contar con los hijos, con su ayuda, con sus problemas, con sus preguntas y con sus respuestas. Por ejemplo, gracias a mis hijos yo tengo muchas amigas, las madres de sus amigos; y muchas oportunidades de hablar de con ellas y de compartir, aprender, y también enseñar, por ejemplo ofreciendo medios de formación cristiana como los que yo frecuento".

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"Procuramos disfrutar de la familia en cada instante, todos, o casi todos los momentos son buenos para sacarles partido, aunque a veces supone esfuerzo -dice Pablo en otro momento, tal vez sin darse cuenta de que todo lo que dice sirve como titular de la entrevista-. Tener una familia numerosa te obliga a estar siempre en forma, también espiritualmente".

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"La cultura del éxito lleva a veces a organizar la vida olvidándose de lo más importante. Y conste que la vida no es de color rosa, y la nuestra tampoco; pero el trato con los hijos, el educarles con el ejemplo y los razonamientos, te ayuda a esforzarte en ser mejor... y hasta a comprender mejor a Dios Padre, que nos quiere aún más que nosotros a nuestros propios hijos, que nos quiere como somos y se derrite por nosotros, que solo quiere nuestro bien, está siempre atento a nuestras necesidades... De nuestras obras lo que más le gusta es el amor que ponemos en ellas. Como la ilusión de nuestros hijos cuando te traen un dibujo para el día del padre..."

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"Pablo enseguida se pone profundo cuando habla de estos temas. Nos gusta disfrutar de cada momento con los hijos. También participamos en distintas actividades de orientación familiar, y coordinamos el curso UN VERANO DIFERENTE de Aula Familiar, una ocasión magnífica de descansar, ocupar el tiempo libre de los chicos y formarse."

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Son optimistas, y reservados para contar las dificultades. En el vídeo no nos hablan de las noches en vela, ni de los viajes a urgencias, ni de los cambios de planes, las hipotecas o el precio de las escolaridades, sino de las anécdotas. Son de los que ven "oportunidades" donde a veces sólo vemos los "problemas".

sábado, 20 de junio de 2009

¿Cómo acertar en el noviazgo?

Muy interesante vídeo, para el que sobran las palabras. El profesor Rafael Hernández desvela en su nuevo libro las claves para acertar en el noviazgo. on 10 minutos que valen la pena.

Y a continuación una tertulia con San Josemaría sobre este tema tan actual. Ya no se lleva llamarse novios. Fb tiene una categoría denominada "situación sentimental" en la cual se pone "en una relación con..." Y sin embargo cuán importante es la etapa del noviazgo bien vivida y qué decisiva para un matrimonio fiel y feliz.

martes, 2 de junio de 2009

Invertir en familia.

No puede haber nada más práctico que tener un tío médico (Doc Hudson Hornet, de "Cars" de Disney nos ayuda) otro comisario de policía (¿quién no recuerda al oficial Matute, de Don Gato y su pandilla?)y otro plomero. Personalmente creo que puestos a elegir, lo primero es el plomero; es lo más caro y difícil de encontrar. Pero puede ser que sea una visión parcializada, dado mi carácter de médico. En retiro desde hace un tiempo. Y los pacientes muy saludables…, lo que me deja ciertas dudas, pero prefiero no profundizar.
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Podemos establecer algunas analogías con los beneficios que la familia tiene para las personas y para la sociedad. En efecto, intuitivamente sabemos desde siempre, que una familia sólida, unida, con lazos afectivos sanos, con un padre y una madre que se quieren y se preocupan por sus hijos, donde los abuelos son queridos y cuidados, es un bien enorme para las personas directamente involucradas y para la sociedad en su conjunto. Hoy, numerosos estudios empíricos avalan estas verdades. Es casi un lugar común, por ejemplo, la afirmación de que una familia con buen relacionamiento entre sus integrantes es mejor que un seguro de vida. Los estudios de Family-facts
(pinchar acá), muy americanos pero muy ciertos, lo demuestran en las áreas más variadas.
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Una familia sana es un seguro médico. Ciertamente, basta pensar en los cuidados que requieren los niños y las consecuencias de no tomarlos. Desde una madre que se preocupa por amamantar a sus hijos, pasando por el vestido apropiado al tiempo y sin olvidar una dieta adecuada aunque requiera más tiempo en la cocina, todo constituye un factor de medicina preventiva invaluable. Ni qué decir de los honorarios de psiquiatras y psicólogos. La mejor prevención para los desequilibrios que tratan estos especialistas, pasa por un ambiente familiar armónico, acogedor, lleno de cariño, alegría y aceptación de la diversidad de personas y personalidades. Adicciones, promiscuidad sexual, criminal
idad, se asocian también a familias con diferentes niveles de desintegración.
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Una familia sana es una rebaja sustancial en los costos de los estudios académicos. En efecto, los que somos padres de familia, pero además hemos trabajado en la enseñanza, bien sabemos el costo que implica suplir las carencias del hogar. El alto o bajo rendimiento escolar está asociado en forma lineal con la mayor o menor solidez de los vínculos familiares y de su calidad. Las ayudas extra escolares, cuando las hay, pueden ser sustituidas muchas veces con ventaja, por una mayor atención de los padres. Pensemos en los costos –bien conocidos- que tiene los tiempos perdidos por los llamados “niños de la llave”, que llegan a casa luego de la escuela, sin nadie que los está esperando. Además, cuando hay problemas reales de aprendizaje, que los hay, con un apoyo familiar saludable todo es más fácil.
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Una familia sana es un descuento importante en los costos de la seguridad social. Los problemas de financiamiento de los sistemas de seguridad social, están asociados con el llamado “invierno demográfico”. Ningún estudio actual y serio muestra que la natalidad sea un problema. Una cultura anti vida, ya sea en el inicio o en el fin de la misma, ha llevado a la situación actual. Una familia sana acoge la vida con alegría, la de los que llegan y la de los que,
después de haber dado tanto, se aprestan a descansar.
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Una reunión reciente de algunos super-poderosos del mundo, ha decidido poner enormes recursos en el control de las poblaciones (léase aborto y contracepción). Podríamos concederles que se equivocaron en el planteo si no fuera porque es dudoso que no tengan la información necesaria. En todo caso, la amenaza poblacional es la alarmante disminución de los nacimientos en Europa y América del Norte, y no el crecimiento de las poblaciones del hemisferio sur o la carencia de alimentos. De hecho alimentos sobran, como también sobran gobiernos que impiden su comercialización por intereses de poder.
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Invertir en familia. Es un programa inteligente de gobierno. Es una política educativa eficaz. Es un plan de salud pública solidario y económicamente viable. Es una política previsional humana y generosa. Es asegurar a los jóvenes un futuro promisorio.

jueves, 28 de mayo de 2009

Permisivismo y libertad en la educación (2)

Los adolescentes necesitan de la autoridad para su crecimiento en auténtica libertad; es como un pilar fuerte al que agarrarse cuando todo se les tambalea .
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La falta de autoridad en padres y profesores contribuye a acentuar la inseguridad y dificulta la libertad de los adolescentes; y parece evidente que hay crisis de autoridad en muchos padres y en bastantes profesores. Autoridad que por otro lado tampoco está demasiado potenciada por el sistema educativo que nos rige en la actualidad ni por las administraciones educativas.
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Es bien cierto que muchos adolescentes hacen lo que quieren en casa y en el colegio; los padres tienden a responsabilizar a los profesores del fracaso de los hijos y con frecuencia los desautorizan, con lo cual aun les merman más su autoridad. Y los profesores son incapaces de hacer nada ante el permisivismo y la falta de autoridad de los padres. Unos por otros esa falta de autoridad también repercute negativamente en la educación de la libertad y en el ejercicio de la misma.
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Aunque aparentemente la rechacen, los adolescentes necesitan de la autoridad para su crecimiento en auténtica libertad; es como un pilar fuerte al que agarrarse cuando todo se les tambalea. Algo que les da seguridad ante su inseguridad personal. Y si no la encuentran en los mayores la buscarán en el grupo o la pandilla. La coherencia y autoridad moral de los educadores es como la veleta o la referencia que les orienta en el proceloso mar de la adolescencia. Por el contrario, la falta de autoridad en quienes más cerca tienen contribuye a su inseguridad y desorientación, además de suponer una falta de referentes positivos que incide en el relativismo ético y en el indiferentismo, enemigos ambos de la verdadera libertad.
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Por supuesto que no hay que confundir esta autoridad con el autoritarismo, ni con obligar a hacer las cosas porque sí, ni con lo de “la letra con sangre entra”. Ha de ser autoridad moral, basada en el ejemplo y en el prestigio. Autoridad que se tiene pero que se ejerce muy poco. Autoridad que cumple siempre lo que promete, que es justa y coherente, pero que en ocasiones sabe ser “injusta” en cuanto trata de manera desigual a personas desiguales. (¡Cómo cuesta entender esto a los adolescentes!)
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La autoridad de la que hablamos es aquella que no tiene miedo a rectificar y pedir perdón si se ha equivocado. Que puede ser flexible y tolerante en algunas ocasiones, pero raras veces pasar por alto o hacer la vista gorda ante lo que está mal, sobre todo si esa actitud puede interpretarse como indiferencia. Y también es autoridad que se preocupa más de corregir que de castigar, que se ejerce con pocas palabras y con la sonrisa en los labios, y que procura siempre ser dialogante, dando razones aún a riesgo de que no sean entendidas. Y ello sin tirar nunca la toalla.
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Por último, es autoridad que sabe dar libertad de forma progresiva, incluso hasta permitir que se equivoquen sin retraerles nada, pero exigiendo siempre la correspondiente responsabilidad. Es en definitiva la autoridad de un ser libre que valora sobremanera este don que Dios ha concedido al hombre y que por tanto lo quiere no solo para sí, sino para todos.


Federico Gómez Pardo
Tomado de almudi.org

Permisivismo y libertad en la educación (1)

La huida del compromiso, el miedo al riesgo y los deseos de seguridad en el adolescente tiene que ver en la educación familiar recibida desde pequeños.
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El fracaso escolar que padecemos no creo que sea consecuencia únicamente de la actual ley de educación ni de las anteriores. Tampoco me parece que toda la culpa sea de las administraciones que tienen competencias en educación. En una de las encuestas entre los universitarios españoles realizada por la Fundación BBVA se reflejaban aspectos muy interesantes, como el alto porcentaje de los que pretenden trabajar en la administración, viven con su familia hasta bastante tarde o se muestran partidarios de vivir con su pareja sin pasar por el registro o la vicaría.

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Todo ello denota huida del compromiso, miedo al riesgo y deseos de seguridad; en lo cual algo tiene que ver la educación familiar recibida desde pequeños, en la que parece todo se les ha dado hecho y se les han consentido todos los caprichos, pero no se les ha preparado para vencer las dificultades y el temor a equivocarse.

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La influencia que puede tener el permisivismo y la falta de autoridad de padres y profesores en el fracaso escolar es evidente; pero además repercute también en otros aspectos de la formación de la personalidad de los adolescentes. El fracaso en la educación tiene su reflejo académico, pero también puede manifestarse en el aspecto humano; si los sucesivos informes PISA han dado cuenta de lo primero, los aspectos antes señalados de la encuesta del BBVA ponen de manifiesto el segundo.

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Una característica de la adolescencia es la inseguridad personal. La motiva el desfase entre lo que lo que les gustaría ser y lo que son; a pesar del afán de destacar y tener mucha personalidad no pueden prescindir de la experiencia de los propios fracasos. También porque se abren a la vida y no saben lo que ésta les deparará. Así ha sido siempre, pero en la actualidad se acentúa esta inseguridad por haber sido educados sin sentido del límite y por la falta de autoridad de muchos padres y profesores.

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El permisivismo dificulta la adquisición de criterios claros sobre la moralidad de los actos. Si todo está permitido todo es bueno; no hay distinción entre el bien y el mal. Y ese confusionismo moral incrementa su inseguridad. Por otro lado no se les ha dejado descubrir la alegría de conseguir las cosas con esfuerzo; y esa carencia de espíritu de sacrificio se traduce en temor ante las dificultades del mañana que, entre otras cosas, les retrae también a la hora de adquirir compromisos.

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Al parecer hoy en día ese temor, en muchos casos, parece que se prolonga más allá de la propia adolescencia. Por eso tardan tanto algunos en abandonar el hogar familiar, y por eso no son capaces de comprometerse de por vida ni con una mujer ni con Dios. Y esa falta de seguridad en sí mismos es lo que les hace aspirar a la seguridad del funcionariado.

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Hay quien dice que la adolescencia en la actualidad dura hasta los 30 años. En algunos casos pienso que dura siempre. No han aprendido a volar solos ni a ser libres, pues el compromiso es una de las mejores manifestaciones de auténtica libertad. Aunque no se dan cuenta de ello porque confunden libertad con autonomía. No saben –y hay que conseguir que lo descubran– que solo es libre el que es capaz de comprometerse. No quieren arriesgarse a adquirir compromisos permanentes por temor al fracaso, cuando resulta que solo el que se arriesga es capaz de triunfar en la vida en aquello que se compromete.
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Federico Gómez Pardo.

Tomado de almudi.org

martes, 26 de mayo de 2009

Una célula especial.

En numerosos documentos y escritos sobre la familia, se hace referencia a la misma como célula básica del tejido social o célula fundamental de la sociedad.
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Técnicamente hablando, un tejido vivo es un conjunto de células, todas dirigidas al cumplimiento del cometido último del tejido en cuestión, si músculo la contracción, si epidermis la protección, etc. La analogía pretende de buena manera dejar en claro, que de la misma forma que un tejido es lo que resulta de la sumatoria del accionar de sus células, la sociedad es lo que resulta del actuar de cada una de sus familias integrantes. Es más, se pueden seguir encontrando similitudes, por ejemplo células muertas en un tejido –ya pensemos en una necrosis miocárdica o en una cicatriz a causa de un accidente en la mejilla de una joven- provocan una alteración de la función del órgano. De manera análoga, familias disfuncionales –enfermas- también provocan alteraciones en el funcionamiento de la sociedad en su conjunto.
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Sin embargo, hay algo en esta comparación que no satisface completamente en una mirada más profunda. Quizás sea una consecuencia de una mirada médica. Clínica y para peor quirúrgica, ya que no la de un citólogo y menos la de un nano-bio-tecnólogo. Es que para un cirujano, lo que importa es el bulto y la terapéutica… ¡para grandes cirujanos grandes incisiones! Y las células son un vago recuerdo de las clases de histología.
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Bromas aparte, la familia es el lugar propio de las personas. Es más, es el único lugar en que las personas son aceptadas como tales y sin condiciones. ¡Sin adjetivos! La familia es el lugar acorde a la dignidad de la persona humana. El amor conyugal, el medio querido por Dios en su designio sapientísimo, para llenar la creación de las únicas criaturas hechas a Su Imagen y semejanza. Es, por si alguna duda quedara, el ámbito elegido por Dios para hacerse Hombre. La Sagrada Familia de Nazaret, es modelo, es paradigma, es objetivo final para todas las familias de los hombres de todos los tiempos.
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Si vemos entonces a la familia como el entorno acorde a la dignidad de la persona, para su comienzo, su desarrollo y su muerte, entenderemos que lo que es bueno para la persona, es bueno para la familia y a la recíproca. Para el cirujano, unas células más o unas células menos, es lo mismo. Para las familias y para las personas que las forman, cada persona es un valor por sí misma. No hay personas prescindibles, ni de segunda selección. Por cada persona murió Cristo en la Cruz. Cada persona vale la San
gre del Dios hecho hombre que se entregó en la Cruz para la redención de la humanidad.
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Por ello, hablar de la familia como célula básica de la sociedad, queda corto. Cada persona humana, a la luz de la Redención, adquiere valor de eternidad. Así como el catecismo nos enseña que en cada comunión no recibimos un “trozo de Cristo” sino a Cristo mismo, de forma análoga la Sangre derramada en la Cruz lo es por todos y cada uno de los hombres. Cada p
ersona vale toda la Sangre de Cristo.
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Las consecuencias sobre la familia se derivan de lo anterior. Si Dios se quiso encarnar en una Familia, si quiso sujetarse a relaciones de paternidad y de filiación, si el designio salvador pasó por una Familia, no fue una casualidad. Ciertamente, en la Familia del Carpintero de Nazaret, lo divino y lo humano se dan la mano de una manera inefable e irrepetible. Pero allí quedó para siempre -y siempre cuando anda Dios de por medio quiere decir siempre- el modelo de familia que con expresión feliz, fue llamada en el Jubileo de las Familias “Santuario de la vida, esperanza de la humanidad”.

viernes, 22 de mayo de 2009

Unidad de criterios

Los límites en la educación de los que venimos hablando, exigen entre otras cosas, que los mismos sean establecidos con claridad, en forma concreta, con las debidas explicaciones de acuerdo a la edad, y con unidad de criterio por parte de los papás.
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En efecto, hay un viejo principio que entienden muy bien los militares, apenas tienen alguien por debajo de su grado a quien mandar, y es que orden y contra-orden es igual a desorden. Nada más lejos de un cuartel que un hogar. Pero el ejemplo sirve.
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Ponerse de acuerdo cuando todo marcha sobre ruedas, con un niño obediente, en edad escolar, con amigos estupendos, con calificaciones sobresalientes, no es ningún mérito. Todo está bien en ese paraíso. Pero la experiencia muestra que la realidad es bastante más compleja. Y que llega el momento en que hay que aplicar los dichosos límites.
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Pongamos por ejemplo la forma de vestir de una hija. El largo de la falda, el escote, si bikini o malla entera, todo puede manejarse de forma educativa y positiva o ser un verdadero problema. En realidad en este tema como en todos los temas que afectan la fe y la moral, el terreno debe estar preparado desde que las niñas y los niños son pequeñas. Y con un respaldo de “cultura” familiar firme y seguro. Volveremos en otro artículo sobre el tema. Pero nos interesa ahora para ejemplificar que un doble mensaje, a la hora de aconsejar a una hija adolescente sobre su vestido o desvestido, sólo lleva a desconcierto, pérdida de autoridad, discusiones y malos ratos.
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Por ello, sin perjuicio de que el matrimonio no implica que cada cual deje de ser como es, sí implica unas disposiciones serias y permanentes para enfrentarse a un tema tan relevante como la educación de los hijos. Hay que hablar. Hay que formarse, dejarse formar y por qué no, estudiar. Hay que dedicar tiempo. Y una vez tomadas las decisiones que corr
esponden, actuar en consecuencia.
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La pregunta de fondo es muy seria. ¿Estoy dispuesto a poner a mis hijos en condiciones de ganar la carrera, la que lleva a la vida eterna? ¿De ser santos de verdad y muy felices? ¿De saber hacer buen uso de su libertad? ¿De responder que sí al camino que Dios les tenga preparado? Es muy importante para ellos. Pero más para nosotros. Nos pedirán cuentas.
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La tarea es ardua. Los medios están, pero a veces no estamos dispuestos. Hay que estar decididos a dejar de lado el orgullo y aceptar que a veces tenemos razón y otras no. Desde esta base, es más fácil el diálogo y el entendimiento. Estamos hablando de un entendimiento que tiene como objeto nada más ni nada menos que el cuidado y la educación de los hijos. A esto nos comprometimos seriamente, ante Dios y ante testigos el día de nuestro casamiento. Y no podemos renunciar.
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La unidad de criterio a la hora de fijar pautas educativas, se revela entonces como un pilar que debemos cuidar. Las discrepancias se resuelven a puertas cerradas y siempre teniendo en cuenta el bien de los hijos. Y no caigamos en la arrogancia de pensar que es una regla de oro nuestra experiencia personal. Lo será en algunas ocasiones. En la mayoría, sin embargo, podremos aspirar a más para nuestros hijos. Para la carrera que importa -se entiende- para la definitiva.