domingo, 14 de febrero de 2010

Envilecer el amor

Zenit publica hoy la traducción de este trabajo de Patrick Fagan, conocido investigador sobre temas de familia y educación.
El artículo es coincidente con el lineamiento que hemos desarrollado en alguna entrada anterior (ver por ejemplo
http://primerolafamilia.blogspot.com/2009/10/sentido-comun.html
). Así que creemos que será enriquecedor para todos.
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La pornografía es una distorsión visual de la sexualidad que supone una importante amenaza para el matrimonio, afirma un informe publicado en diciembre por el Family Research Council.
Patrick F. Fagan, miembro y director del Centro de Investigación sobre el Matrimonio y la Religión del Centro, describía los efectos sociales y psicológicos de la pornografía en su estudio: The Effects of Pornography on Individuals, Marriage, Family and Community.
Contrario al argumento de que la pornografía es un placer inofensivo, Fagan hacía referencia a evidencias clínicas que muestran que ésta distorsiona de modo significativo las actitudes y percepciones sobre la naturaleza de la sexualidad.
Si son consumidores habituales de pornografía los hombres, tenderán a tener una tolerancia mayor hacia los comportamientos sexuales anormales, observaba el estudio. Es también un hábito muy adictivo, debido a la producción de hormonas que estimulan los centros de placer del cerebro.
Fagan reconocía que la energía sexual es una poderosa fuerza, pero debido a ello la sociedad necesita encauzar esta energía de una forma que fomente el bien común. El matrimonio legitima la intimidad sexual, protege a los hijos que son fruto del acto sexual, y promueve la estabilidad social.
Poner límites a la actividad sexual ayuda a los adolescentes mientras maduran a orientar de forma correcta su sexualidad. Desgraciadamente, comentaba el estudio, el desarrollo de los modernos medios ha derribado estas barreras y ha incrementado la forma en que los creadores de pornografía pueden introducirse en la vida familiar.
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Consecuencias para la familia
Al tratar las consecuencias para el matrimonio, Fagan hace referencia a estudios que demuestran cómo afecta a las mujeres el consumo de pornografía de los maridos.
En muchos casos, las esposas de consumidores de pornografía sufren daños psicológicos profundos, observaba. Entre ellos, sensaciones de traición, pérdida, desconfianza y cólera. Pueden también sentirse poco atractivas o no aptas sexualmente, lo que a su vez puede llevar a la depresión tras descubrir que sus maridos ven pornografía.
Fagan añadía que los consumidores masculinos de pornografía tienden a disminuir su implicación emocional en sus relaciones sexuales, lo que tiene como efecto que sus esposas sufran que disminuye la intimidad de sus maridos. En un estudio, los maridos afirmaban querer menos a sus esposas tras largos periodos dedicados a ver pornografía.
La pornografía también tiene impacto en el lado físico de las relaciones puesto que la exposición prolongada fomenta la insatisfacción con el otro y con su comportamiento sexual.
Fagan hacía referencia a otros estudios que mostraban que los consumidores de pornografía ven cada vez más la institución del matrimonio como un confinamiento sexual y esto les lleva a dudar del valor del matrimonio como institución social.
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Verdadera infidelidad
El distanciamiento emocional de las esposas y el mismo matrimonio sufren las consecuencias. Fagan observaba que el consumo de pornografía y de otras formas de contacto sexual online se considera por muchas esposas tan perjudicial para la relación como una infidelidad de verdad en la vida real.
De hecho, los hombres y las mujeres reaccionan a la pornografía de modo diferente. Un estudio llevado a cabo entre estudiantes encontró que los hombres se trastornaban más por la infidelidad sexual mientras que las mujeres, por la infidelidad emocional.
Otro estudio examinaba los diversos tipos de degradación de la pornografía. Tanto hombres como mujeres calificaban tres temas principales como los más degradantes de todos, pero con intensidades diversas: las mujeres los consideraban más degradantes que los hombres.
El impacto en las mujeres aumenta cuando sus maridos se vuelven adictos a la pornografía. Fagan citaba un estudio que revelaba que el 40% de estos adictos al sexo pierden a sus esposas. No se ha investigado mucho la relación entre pornografía y divorcio, pero citaba un estudio sobre informes de abogados de divorcios que reflejaba que en el 68% de los casos de divorcio una de las partes había encontrado un nuevo interés amoroso en internet, y en el 56% una de las partes tenía un interés obsesivo en las páginas webs pornográficas.
Las mujeres no son las únicas que sufren cuando la pornografía se convierte en adicción. El informe de Fagan observaba que el consumo adictivo de pornografía lleva una menor autoestima y a un menor capacidad entre hombres de llevar una vida social y laboral significativa. Un estudio sobre adictos a la pornografía reveló que se sentían afligidos y experimentaban cómo un importante aspecto de sus vidas estaba deteriorado como resultado de su adicción.
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Ilusorio
La pornografía presenta la actividad sexual como una suerte de acontecimiento deportivo o diversión inocente, comentaba Fagan, sin ningún impacto importante en las emociones o en la salud. Argumentaba que esto simplemente no se corresponde con la realidad.
De hecho, la pornografía lleva percepcione sdistorsionadas de la realidad social: una percepción exagerada del nivel de actividad sexual de la población general, y una estimación que infla la probabilidad de actividad sexual premarital y extramarital. También lleva a una sobreestimación del predominio de perversiones como el sexo en grupo, la bestialidad y la actividad sadomasoquista.
“De este modo las creencias que se forman en la mente del espectador de pornografía están bastante lejos de la realidad”, observaba Fagan. “Un ejemplo es que la visión repetida de pornografía induce a enfermedad mental en materia sexual”.
Entre las distorsiones creadas por la pornografía están tres creencias: (1) las relaciones sexuales en la naturaleza son algo recreacional, (2) los hombres son en general sexualmente dominantes, y (3) las mujeres son objetos o mercancías sexuales.
En consecuencia, Fagan describía cómo la pornografía fomenta la idea de que la degradación de las mujeres es algo aceptable. Además, puesto que los varones utilizan la pornografía con mucha más frecuencia que las mujeres, su predominio conduce a la idea de que las mujeres son objetos para el sexo o mercancías sexuales.
Fagan observaba que una gran cantidad de pornografía es de contenido violento. Un estudio de los diferentes medios pornográficos encontró violencia en casi una cuarta parte de las escenas de revistas, en más de una cuarta parte en las escenas de vídeo, y en más del 40% de la pornografía online.
Los estudios sugieren que hay una conexión entre la exposición a la pornografía y las agresiones sexuales, añadía. Incluso el consumo de pornografía no violenta aumenta la voluntad en los hombres de forzar a sus parejas sexuales cuando estas no consienten.
El consumo de pornografía se asocia también a delitos sexuales, afirmaba Fagan. Citaba un estudio de delincuentes sexuales en internet, condenados, que informaba que habían pasado más de 11 horas a la semana viendo imágenes pornográficas de niños en internet.
Otro estudio comparado de agresores sexuales y de personas que no lo eran revelaba diferencias significativas en el uso de la pornografía como adolescentes. Una gran proporción de violadores y acosadores habían visto pornografía dura en su adolescencia.
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Adolescentes
La pornografía por tanto no sólo daña los matrimonios, sino que también tiene un fuerte impacto en los adolescentes. Un estudio sobre adolescentes mostraba que el consumo habitual de pornografía suele llevar a no tener fidelidad a sus novias. De igual forma, el uso de pornografía aumentaba después su infidelidad matrimonial en más de un 300%.
Fagan describía cómo los adolescentes que ven pornografía se desorientan durante la fase de desarrollo en la que están aprendiendo a afrontar su sexualidad y cuando son más vulnerables a la incertidumbre sobre sus creencias sexuales y sus valores morales.
Un estudio sobre adolescentes encontró que el contenido explícitamente sexual en internet aumentaba de modo significativa sus incertidumbres sobre la sexualidad. Otro estudio hallaba que los adolescentes expuestos a altos niveles de pornografía tenían un nivel más bajo de autoestima sexual.
Existe también una significativa relación entre ver con frecuencia pornografía y sentimientos y sensación de soledad, incluyendo graves depresiones.
El alto consumo de pornografía en la adolescencia está relacionado con un significativo aumento de actos sexuales con amigos no románticos y puede ser un factor de importancia en los embarazos adolescentes.
Mucho antes de la llegada de internet, el Concilio Vaticano II comentaba su decreto sobre los medios que, si utilizaban de modo apropiado, los medios podían ser de gran utilidad para la humanidad.
La Iglesia “sabe también que los hombres pueden volver estos medios contra el plan del divino Creador y utilizarlos para su propio perjuicio; más aún, siente una maternal angustia a causa de los daños que de su mal uso se han derivado con demasiada frecuencia para la sociedad humana". Un mal uso que hoy suele envenenar demasiado a familias y a matrimonios.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Preparar a los novios.



En estos días tuvo lugar en Roma la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Familia. ¡Tantos recuerdos de aquellos años inolvidables! Por todo lo que aprendimos junto a tantos matrimonios de todas partes del mundo de sus iniciativas y de su ejemplo en favor de la vida y la familia. Pero especialísimamente por haber sido años de cercanía -totalmente inmerecida por nuestra parte- a Juan Pablo II. La sociedad en su conjunto tiene una deuda enorme con este gigante de la historia y de nuestro tiempo, batallador incansable por la familia y por la vida. La familia es patrimonio y tesoro de la humanidad y de su cuidado y protección depende que ésta sea cada vez más humana y cada vez más respetuosa de la dignidad de la persona.
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Ahora transcribimos el vídeo de Rome reports que pusimos arriba.
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En los próximos días Benedicto XVI firmará un documento especial para prevenir casos de pederastia en la Iglesia y para castigar a los culpables de estos delitos. Pero ya antes de su publicación, el Papa se ha comprometido a seguir trabajando en defensa de los derechos de los niños y ha vuelto a lamentar y condenar los casos de abusos sexuales por parte de personas de la Iglesia. Fue durante un encuentro con el Pontificio Consejo para la Familia, el departamento del Vaticano encargado de sensibilizar sobre el valor de la familia.
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Dijo el Papa: “Queréis recordar a la opinión pública los beneficios que la familia supone para la sociedad, para su cohesión y desarrollo”. Actualmente este departamento del Vaticano está elaborando un vademécum para preparar jóvenes al matrimonio. Benedicto XVI recordó que esta preparación comienza en la adolescencia, cuando los padres enseñan a los hijos a entender la vida como vocación al amor. Con esta formación, deben ayudar a los hijos a encuadrar la sexualidad en el amor auténtico. Durante el noviazgo comienza otro periodo de formación especial.
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Continuó más adelante: “Es necesaria una atención especial para que los novios reaviven su relación con el Señor, especialmente escuchando la Palabra de Dios, acercándose a los sacramentos y sobre todo, participando de la Eucaristía”. El Papa pidió que se cuide también la formación “inmediata” que reciben los prometidos durante los meses previos a la boda. Benedicto XVI también habló sobre el cuidado de los hijos. Recordó que los niños necesitan sentirse queridos y respaldados por un padre y una madre que se aman. Por eso, dijo que el mejor modo de proteger los derechos de los niños, es apoyar a sus padres para que formen una familia estable.

jueves, 21 de enero de 2010

Testimonio desde Irlanda.

Desde que tenemos un hijo en Irlanda, todo lo de este país nos es cercano. Así que el testimonio de Jennifer y John Kehoe que viven en Kildare, nos resulta interesante por más de un motivo.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Cuidar el noviazgo.

Hace un par de días publiqué estas reflexiones en http://familiaenconstruccion.blogspot.com/ . Me parece que también es de interés para los lectores de este blog, que no necesariamente son los mismos.
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El noviazgo es esa etapa de la relación interpersonal entre una chica y un chico que se preparan para el matrimonio, en que hay que aprovechar el tiempo para conocerse. Parece de Perogrullo pero deja de parecerlo cuando uno se plantea que luego del casamiento, empieza rápidamente a ganar terreno la aceptación del otro tal cual es, frente a las posibilidades que ofrece el conocimiento. Ciertamente que no estoy hablando en una claudicación frente a los defectos del cónyuge; al contrario, en una apuesta a su capacidad de mejora. Es bastante realista plantearlo en esos términos, las personas no cambiamos demasiado sino que mejoramos, si queremos y nos dejamos ayudar. El matrimonio es una lotería, afirmaba algo descreída mi abuela. Pero un noviazgo bien vivido reduce los riesgos, se le podría contestar.

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Es bueno que los novios consideren con frecuencia, que el conocimiento durante el noviazgo, es un objetivo a procurar con intencionalidad y medios apropiados . Y que para ello hay unos modos de relacionarse que son los propios de esta etapa y que son diferentes de los modos propios del relacionamiento matrimonial.
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Concretamente, las relaciones sexuales entre los novios, constituyen una valla cierta para el conocimiento mutuo. Con la apariencia de una entrega y una “prueba de amor”, los novios que dan este paso, interponen a esta altura de su relación, una barrera al conocimiento mutuo, en lugar del pretendido conocerse y entregarse más.


En efecto, la entrega mutua en una relación sexual fuera del matrimonio, sigue siendo verdadera entrega entre personas. Y esta relación clamará por sus fueros a la hora de ver con objetividad si existen razones que hagan conveniente repensarla. Se pidió mucho, se entregó mucho y los sentimientos se convirtieron en dueños de la razón.

Es más, la fuerza del vínculo interpersonal que establece el lazo sexual, hará que incluso se vean con dificultad datos que con una perspectiva más desapasionada podrían significar, por ejemplo, amenaza de violencia en el noviazgo y en el matrimonio y una necesidad urgente de poner tierra de por medio. Sin mencionar un ofuscamiento del entendimiento para otras realidades, evidentes para los amigos y familiares, difíciles de aceptar para unos jovencitos que terminan arreglando las desavenencias en la cama, en lugar de desarrollar las virtudes de generosidad, fortaleza, ejercicio recto de la voluntad, afán de mejora y exigencia personal. Virtudes estas sí, que a la hora del matrimonio, son la base para una relación respetuosa y generosa.

martes, 1 de diciembre de 2009

Las madres de los sacerdotes

Estupendo vídeo-testimonio sobre las mamás de los sacerdotes. En los cursos de orientación familiar, solemos hacer hincapié en que la responsabilidad de los padres sobre la educación de sus hijos no termina nunca. Es más, empieza desde antes de casarnos, y seguirá luego de que por ley natural, nos hallamos marchado al cielo "in advance", porque desde allí intercederemos por ellos mientras estén en la tierra. Como padre, me complazco en coincidir con el vídeo en que los méritos son de las mamás. Los papás aplaudimos desde un rinconcito.

jueves, 15 de octubre de 2009

Sentido común.

En http://familiaenconstruccion.blogspot.com/ , Don Joan publicó dos entradas muy buenas sobre el débito conyugal. Sesudas y contundentes.
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Y nosotros agregamos una, a título de comentario de lo que la vida enseña, que ahora pongo también en este sitio.
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Con atención y mucho agradecimiento leí los dos artículos precedentes sobre el débito conyugal de Don Joan. Nada puedo ni quiero agregar a lo dicho. Solamente comentar un aspecto que, por razón de mi profesión, tuve que enfrentar en varias ocasiones.
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El ambiente cargado de erotismo que nos rodea lleva, a poco que nos descuidemos, a perder la noción de la realidad. En efecto, en los cursos para novios por ejemplo, es preciso hacer ver a los futuros esposos que en el lecho conyugal las cosas no son como en las películas. Hay que conocer al cónyuge, su forma de amar, de sentir, de manifestar su lenguaje corporal. Pasada la fogosidad de los primeros meses de casados, vendrán momentos de mayor o menor apetencia, de conocimiento con aceptación respetuosa y admiración del ciclo hormonal femenino, con sus consecuencias en la vida conyugal y en la procreación. Asimismo el vigor varonil, influido por el cansancio, el trabajo, las mil cosas del acontecer diario, o alguna medicación con efectos colaterales (un sencillo betabloqueante), podrá tener sus altibajos, incluso en edades jóvenes.
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Suelo decirle a los futuros esposos y padres, que consideren que para una madre joven, el pecho que amamanta puede ser al rato el pecho de una esposa amante. Este hecho por sí solo,implica un desafío importante para la mamá. Ser esposos, nuevamente, no es como en el cine. La vida es más rica.
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Junto con lo anterior y volviendo a la influencia del ambiente que nos rodea, los esposos debemos cuidar nuestro corazón para la persona amada. Descuidar la vista ante el escaparate circundante tiene riesgos grandes. No sólo desde el punto de vista moral. Pensemos en el desajuste con la realidad que se produce. La imaginación luego traiciona. Y más de una vez un diagnóstico de disminución de la libido, de frigidez, no es más que un eufemismo para esconder que en la mente de esa persona, se han juntado imágenes, recuerdos y sensaciones que alteran el normal desarrollo de la sexualidad real, de carne y hueso.
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Los estímulos que recibe nuestro cerebro no se pueden archivar como en una computadora en una carpeta. La sexualidad humana se expresa como una manifestación más de la unidad del cuerpo y el espíritu. Las expectativas irreales, desproporcionadas con la condición propia o del cónyuge, llevan a fracasos en la relación conyugal que no hay Viagra ni cirugías plásticas que arreglen.
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Finalmente, que el acto sexual entre los esposos es justicia y es amor. Es placer y es don de sí. Pero siempre y cuando, con sinceridad, se vean los hechos con la luz de la razón, del corazón y del respeto de la persona.

viernes, 9 de octubre de 2009

La experiencia de la familia (III)


MATRIMONIO Y VIRGINIDAD
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A la reacción de sorpresa de los discípulos sobre la naturaleza original del matrimonio, que hemos visto antes, Jesús opone una frase que puede parecer aún más enigmática: "Él les dijo: "No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno; y hay eunucos que fueron hechos tales por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se han hecho tales por el Reino de los cielos. Quien pueda entender, que entienda" (17).
En estas palabras Jesús añade una nueva categoría de eunucos a las ya conocidas, es decir, los que se hacen eunucos por el Reino de los cielos. Se trata, obviamente, de la libre renuncia al matrimonio de aquellos a quienes se les ha concedido reconocer el valor único del Reino de los cielos. A propósito de este pasaje Juan Pablo II comenta: "en la llamada a la continencia "por el Reino de los cielos", primero los mismos discípulos y luego toda la Tradición viva descubrirán muy pronto el amor que se refiere a Cristo mismo como Esposo de la Iglesia y Esposo de las almas, a las que Él se ha entregado a Sí mismo hasta el fin, en el misterio de su Pasión y en la Eucaristía. De este modo, la continencia "por el Reino de los cielos", la opción por la virginidad o por el celibato para toda la vida, ha venido a ser en la experiencia de los discípulos y de los seguidores de Cristo, un acto de respuesta especial al amor del Esposo divino y, por esto, ha adquirido el significado de un acto de amor esponsalicio, es decir, de una donación esponsalicia de sí, a fin de corresponder de modo especial al amor esponsalicio del Redentor; una donación de sí, entendida como renuncia, pero hecha sobre todo por amor" (18).
A la luz de esto se entiende qué es la virginidad: la nueva relación, absolutamente gratuita, que Cristo ha introducido en la historia. La virginidad es vivir las cosas según su verdad. Y ¿cómo ha entrado en el mundo la virginidad? Ha entrado en el mundo como imitación de Cristo, esto es, como imitación del modo de vivir de un hombre que era Dios. Ninguna otra razón puede sostener algo tan grande como la virginidad a la hora de vivir la existencia sino la identificación con la modalidad mediante la cual Cristo poseía la realidad, es decir, según la voluntad del Padre.
La persona de Jesús es un bien tan grande y precioso que él es el único que corresponde plenamente a la sed de felicidad del hombre. Y es justo esta correspondencia única, la que su persona constituye para quien se encuentra con Él, la que hace posible una relación con la realidad absolutamente gratuita. Por eso, quien abraza la virginidad puede ser libre de no casarse.
¿Cómo contribuyen al Reino de Dios los llamados a la virginidad? Los llamados a la virginidad han sido elegidos para que "proclamen delante de todos, en cada instante - pues toda su vida está hecha para esto -, que Cristo es lo único por lo que merece la pena vivir, que Cristo es lo único por lo que vale la pena que exista el mundo. [...] Éste es el valor objetivo de la vocación: que la forma de su vida juega en el mundo a favor de Cristo, lucha por Cristo dentro del mundo. ¡La misma forma de su vida! [...] Es una vida cuya forma está gritando: "Jesús lo es todo". Proclaman esto delante de todos, de todos los que les ven, de todos los que entran en relación con ellos, de todos los que les escuchan, de todos los que les miran" (19).
La vocación a la virginidad está estrechamente ligada a la vocación al matrimonio. Respondiendo a la llamada, los vírgenes proclaman a los casados la verdad de su amor. Seguimos de nuevo a Juan Pablo II: "A la luz de las palabras de Cristo, como también a la luz de toda la auténtica tradición cristiana, es posible deducir que esta renuncia es a la vez una particular forma de afirmación de ese valor, en virtud del cual la persona no casada se abstiene coherentemente, siguiendo el consejo evangélico. Esto puede parecer una paradoja. Sin embargo, es sabido que la paradoja acompaña a numerosos enunciados del Evangelio, frecuentemente a los más elocuentes y profundos. Al aceptar este significado de la llamada a la continencia "por el Reino de los cielos", sacamos una conclusión correcta, sosteniendo que la realización de esta llamada sirve también - y de modo particular - para la confirmación del significado nupcial del cuerpo humano en su masculinidad y feminidad. La renuncia al matrimonio por el Reino de Dios pone de relieve, al mismo tiempo, ese significado en toda su verdad interior y en toda su belleza personal. Se puede decir que esta renuncia, por parte de cada una de las personas, hombres y mujeres, es, en cierto sentido, indispensable, a fin de que el mismo significado nupcial del cuerpo sea más fácilmente reconocido en todo el ethos de la vida humana y sobre todo en el ethos de la vida conyugal y familiar" (20).
La virginidad es la auténtica esperanza para los casados; es la raíz de la posibilidad de vivir el matrimonio sin pretensión y sin engaños: "En virtud de este testimonio, la virginidad mantiene viva en la Iglesia la conciencia del misterio del matrimonio y lo defiende de toda reducción y empobrecimiento" (21).
"Por tanto, la virginidad es la virtud cristiana que es el ideal de toda relación, también de la relación entre un hombre y una mujer casados. En efecto, el momento culminante de su relación es cuando se sacrifican, no cuando expresan su posesión; ya que por el pecado original, poseer, de hecho, hace resbalar. Es como si uno deseara algo y corriera hacia allí y, cuando está cerca, corriera tanto que se rompe la nariz contra ello: resbala, tropieza. Por eso decimos que la virginidad es una posesión con una distancia dentro" (22). La posesión verdadera que experimentamos es una posesión con una distancia dentro.
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EL LUGAR DE LA FAMILIA: COMUNIDADES CRISTIANAS VIVAS

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Aparece así en toda su importancia la tarea de la comunidad cristiana: favorecer una experiencia del cristianismo como plenitud de la vida de cada uno. Sólo en el ámbito de esta relación más grande es posible no devorarse, porque cada uno encuentra en ella su cumplimiento humano, sorprendiendo en sí mismo una capacidad de abrazar al otro en su diferencia, de gratuidad sin límites, de perdón siempre nuevo.
Sin comunidades cristianas capaces de acompañar y sostener a los esposos en su aventura será difícil, si no imposible, que la culminen con éxito. Los esposos, a su vez, no se pueden eximir del trabajo de una educación - de la que son los protagonistas principales -, pensando que pertenecer a la comunidad eclesial les libra de las dificultades. De este modo se revela plenamente la naturaleza de la vocación matrimonial: caminar juntos hacia el Único que puede responder a la sed de felicidad que el otro despierta constantemente en mí, es decir, hacia Cristo. Así se evitará andar, como la Samaritana, de marido en marido sin conseguir apagar el verdadero deseo. La conciencia de su incapacidad para resolver por sí misma el drama - ¡ni siquiera cambiando cinco veces de marido! - le hace percibir a Jesús como un bien tan deseable que no puede evitar gritar: "Señor, dame de esa agua, para que no vuelva a tener sed" (23).
Consciente de la situación actual Benedicto XVI afirma la necesidad de "que las familias no estén solas. Un pequeño núcleo familiar puede encontrar obstáculos difíciles de superar si se encuentra aislado del resto de sus parientes y amistades. Por ello, la comunidad eclesial tiene la responsabilidad de ofrecer acompañamiento, estímulo y alimento espiritual que fortalezca la cohesión familiar, sobre todo en las pruebas o momentos críticos. En este sentido, es muy importante la labor de las parroquias, así como de las diversas asociaciones eclesiales, llamadas a colaborar como redes de apoyo y mano cercana de la Iglesia para el crecimiento de la familia en la fe" (24). Esta invitación llena de ternura y de realismo indica, al mismo tiempo, una tarea: la familia como tal necesita un lugar para vivir, y éste puede estar constituido sólo por comunidades cristianas que a su vez vivan en plenitud contemplativa y operativa su fe. En una entrevista, Giussani utilizaba la siguiente imagen: "Todo pueblo nace de un acontecimiento, y se constituye como una realidad que quiere afirmarse en defensa de su vida peculiar contra quienes la amenazan. Imaginemos a dos familias que viven en palafitos en medio de un río que crece. La unidad de estas dos familias, y luego de cinco, de diez familias, a medida que van engrosando las generaciones, consiste en su lucha por sobrevivir y, en última instancia, por afirmar la vida. Sin quererlo, afirman un ideal, que es la vida. De igual modo, la gente que se refiere a un pueblo considera inexorablemente positiva la vida. Por el conocimiento racionalmente comprometido que tengo de la vida del individuo y de la sociedad, estas condiciones de la idea de pueblo tocan el vértice de su concepción y puesta en práctica en el anuncio del Hecho cristiano, en el cual se cumple para nosotros lo que ha caracterizado en toda su historia el gran ethos del pueblo hebreo y su tensión por cambiar la Tierra" (25).
La pertenencia de un ser humano a su familia se dilata en la pertenencia a la Iglesia y, por lo tanto, a esa parte de Iglesia en la que cada uno de nosotros experimenta la presencia universal de Cristo. Juntarse fraternalmente, crear moradas acogedoras: ésta es la mayor contribución que los cristianos pueden ofrecer para favorecer y acompañar la experiencia de la familia como camino infatigable hacia la plenitud de Cristo. "La superación de la soledad en la experiencia del Espíritu de Cristo no junta simplemente al hombre con los demás; lo abre de par en par a ellos desde la profundidad de su ser. [...] La comunidad se convierte en algo esencial para la vida misma de cada uno. [...] El "nosotros" se convierte en plenitud del "yo", ley de la realización del "yo"" (26).
Sin la experiencia de plenitud humana que Cristo hace posible, el ideal cristiano del matrimonio se reduce a algo imposible de realizar. La indisolubilidad y la eternidad del amor aparecen como quimeras inalcanzables. Éstas en realidad son frutos tan gratuitos de una intensidad de experiencia de Cristo que a los mismos esposos les causan sorpresa, siendo testimonio de que, realmente, "para Dios nada es imposible" (27). Sólo una experiencia así puede mostrar hoy la racionalidad de la fe cristiana, una realidad que corresponde totalmente al deseo y a las exigencias del ser humano, también en el matrimonio y la familia. Este testimonio es la contribución que pueden dar hoy los esposos cristianos frente al sufrimiento que deben afrontar tantos de sus conciudadanos. Es un testimonio gratuito que desafiará la razón y la libertad de quien, buscando una auténtica respuesta a su exigencia de felicidad, no logra encontrarla. Es un testimonio que intentamos dar, conscientes de que "llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no nuestra" (28).


Notas:
17 Mt 19,11-12.
18 Juan Pablo II, Audiencia general, 28 de abril de 1982.
19 L. Giussani, El templo y el tiempo. Dios y el hombre, Ediciones Encuentro, Madrid 1995, pp. 25-26.
20 Juan Pablo II, Audiencia general, 5 de mayo de 1982.
21 Juan Pablo II, Familiaris consortio, 16.
22 L. Giussani, Afecto y morada, Ediciones Encuentro, Madrid 2004, p. 250.
23 Jn 4,15.
24 Benedicto XVI, Discurso en el encuentro festivo y testimonial de clausura del V Encuentro Mundial de las Familias, 8 de julio de 2006.
25 L. Giussani, El yo, el poder y las obras, Ediciones Encuentro, Madrid 2001, pp. 231-232.
26 L. Giussani, El camino a la verdad es una experiencia, Ediciones Encuentro, Madrid 2006, p. 87.
27 Lc 1,37.
28 2Co 4,7.